¿Cuantas personas hoy en día tienen problemas digestivos, neurológicos, hormonales e inmunitarios de etiología desconocida sin poder encontrar una explicación lógica y razonable a lo que le está pasando?

Las cándidas

Existen infinidad de tipos diferentes de cándidas (más de 150), pero la más común en nuestro organismo es la Albicans.

La cándida albicans es un hongo diploide asexual “comensal” de la mucosa humana (digestiva, oral y genital principalmente) y en principio es inofensiva siempre y cuando se mantenga bajo control.

Tiene funciones beneficiosas para el cuerpo humano, como ayudar a digerir restos de alimentos mal digeridos, reducir la absorción de metales pesados, mantener bajo control a bacterias, etc..

Entendiendo que la cándida álbicans no es nuestro enemigo (si está bajo control), lo que debe hacer un buen terapeuta o profesional de la salud es un trabajo de investigación para determinar porque han proliferado y aumentado su población de tal manera que estén repercutiendo negativamente en la salud.

Nuestro sistema inmune y flora intestinal están trabajando en sinergia (acción conjunta) constantemente, manteniendo bajo control a todos los microorganismos que forman parte de nuestro sistema digestivo (uno de ellos es la cándida).

Cuando uno de estos sistemas falla, es cuando les damos la oportunidad a todos los microorganismos y parásitos a desarrollarse y aumentar la población en nuestro zoo interno.

¿Sabíais que en nuestro organismo  tenemos 10 veces más cantidad de  virus, bacterias, levaduras, hongos y parásitos que células en todo el cuerpo?

El ser humano tiene más o menos unos 10 billones de células, y en condiciones normales podemos llegar a tener hasta 100 billones de microorganismos, es decir; ¡somos un zoo con patas andante!

Es importante tener en cuenta este aspecto, porque muchos profesionales de la salud centran su terapia en matar o erradicar el microorganismo en concreto, cuando lo que deberían hacer es buscar la causa u origen de esa proliferación anómala y ponerla bajo control.

Existe una fobia generalizada respecto al tema de la candidiasis crónica, debido a que muchos terapeutas a través de métodos poco fiables  (kinesiología, quantum, maquinitas resonantes, etc..) la diagnostican cuando realmente el problema que presentaba el paciente era otro muy distinto.

Lo digo por propia experiencia en consulta, debido a que me han llegado muchos casos de personas sobrediagnosticadas que después de valorar analíticas (coprocultivo, IgG, IgM, etc..-pruebas de verdad y con evidencia cientifica-) hemos visto que nada tenía que ver su problema de salud con esas levaduras.

Por eso, en nutrición ortomolecular nos centramos en la comprensión máxima del cuerpo humano a nivel fisiológico y bioquímico, basándonos en analíticas y métodos de diagnóstico para determinar con datos (y no a través de la adivinación) el origen o la causa del problema que presenta la persona que llega a nuestra consulta.

Posibles factores desencadenantes de candidiasis crónica

Estrés

El estrés sostenido en el tiempo (disestrés) provoca una afectación en el sistema inmune, llevando con ello a un sistema inmunitario poco competente que le costará trabajo controlar la población de microorganismos en el sistema digestivo (en este caso en concreto a las cándidas).

Después de más de 40 analíticas de estrés adrenal (Cortisol, DHEA-S), he podido comprobar que muchas personas con disbiosis y candidiasis crónica han llegado a ese punto consecuencia de un estrés patológico que no han sabido gestionar correctamente.

Dos de cada tres personas que les he solicitado una valoración de estrés adrenal tenían el cortisol elevadísimo y la DHEA-S en deficiencia o insuficiencia, lo cual nos mostraba que la causa principal de su problema de salud era el castigo constante y diario que habían sufrido sus glándulas suprarrenales consecuencia del mal control del estrés (ya sea físico o psíquico)

El aumento de las hormonas del estrés provocan con el tiempo una disminución en las concentraciones de IgA secretora, la cual proporciona defensas contra microorganismos.

Es uno de los factores más importantes de nuestra inmunidad en la mucosa digestiva.

Incluso en estudios se ha podido observar como una experiencia de varios minutos de ira disminuía significativamente los niveles de inmunoglublina, con la repercusión negativa que tiene para las mucosas.

De poco sirve que os alimentéis correctamente con alimentos naturales y ecológicos si vuestro sistema nervioso está alterado, dado que al ingerirlos no podrán hidrolizarse correctamente (digerirlos) y producirán un daño al epitelio de la mucosa intestinal generando disbiosis.

Medicamentos y antibióticos

Todas estas sustancias extrañas (xenobióticos) ocasionan un daño continuo en casi todas las partes del organismo, afectando de una forma considerable la flora intestinal.

Los antibióticos en concreto no son bombas selectivas que destruyen las bacterias que nos interesan, sino que eliminan también millones de microorganismos beneficiosos los cuales mantienen bajo control a la cándida álbicans.

Parasitosis

¿Qué fue primero el huevo o la gallina?

Este dilema podría ser extrapolado a los parásitos y las cándidas, debido a que el daño que han originado en el sistema digestivo ha sido el detonante para que las cándidas proliferen.

¿Queréis saber algo interesante que pocos terapeutas y profesionales de la salud valoran?

La candidiasis en muchos casos es consecuencia de una parasitosis.

¿Cuántas de las personas que habéis hecho un tratamiento para la candidiasis crónica (natural o convencional) durante largo tiempo continuáis igual?

Nunca podréis superar una candidiasis crónica si de fondo existe una parasitosis.

Existen infinidad de parásitos (giardia lamblia, áscaris lumbricoides, schistosoma mansoni, fasciola hepática, taenia, etc..) que pueden generar un daño constante en el sistema digestivo, y con el tiempo producir una disbiosis intestinal.

En esta situación se produce una disminución en la población de determinados microrganismos beneficiosos y con ello prolifera en gran número la cándida albicans, convirtiéndose en su forma patógena.

Siempre es aconsejable hacerse un coprocultivo para determinar parásitos en heces, pero la prueba más eficaz es la que tiene que ver con las inmunoglobulinas, anticuerpos que produce el propio sistema inmunitario y determina que está atacando en la actualidad al parásito en cuestión.

Exceso de glúcidos

¿Sabíais que la glucosa es el alimento preferido de las cándidas?

Hoy en día la gran mayoría de personas se excede en la cantidad de hidratos de carbono, los cuales se descomponen en glucosa y alimentan de forma sistemática a la cándida albicans.

Es de lógica y sentido común que si no paramos de introducir en nuestro cuerpo glúcidos (da igual que sea azúcar de mesa o un cereal integral-la glucosa es glucosa y alimentará a las cándidas) sobrealimentaremos a estas levaduras produciendo su proliferación y transformación en su forma patógena.

Disminuir al mínimo necesario la cantidad de hidratos de carbono ingeridos será uno de los pilares principales para evitar la candidiasis.

Beber agua del grifo

Debido a que el cloro destruye la flora intestinal y el flúor deprime el sistema inmunológico.

Además de los metales pesados de las tuberías del hogar (plomo, cobre,etc..) que afectan en casi todos los sistemas del cuerpo humano.

Disminución de las secreciones digestivas

La insuficiencia de ácido clorhídrico y enzimas digestivas impide la correcta digestión de los alimentos, produciéndose  putrefacción y fermentación intestinal.

Siempre se debe valorar si existe de fondo un problema digestivo (ulceras, gastritis crónica, enfermedad intestinal, helicobacter pilori, etc..).

Deficiencia de nutrientes

Nuestro cuerpo necesita una serie de nutrientes para mantener el sistema inmunitario, endocrino, nervioso y digestivo en plenas facultades, y solo la deficiencia en uno de esos nutrientes puede acabar generando disbiosis y candidiasis crónica.

A través de la nutrición ortomolecular tenemos en cuenta estos y otros muchos más factores determinantes de la candidiasis.

Valoramos analíticas específicas (con evidencia científica) dirigidas a descubrir la causa u origen que ha llevado a determinada persona a esa situación.

Sin importar lo difícil, complicado y raro que pueda parecer un caso (no importa que tipo de enfermedad o disfunción presente la persona) siempre se podrá encontrar una lógica y racional explicación científica, solo hace falta aplicar los conocimientos adquiridos de una forma genuina.